Banderías, de Manuel Vicent
26 de Diciembre de 2005
Gran pieza del maestro Vicent.
Una columna de periódico admite el cinismo, la ironía, el sarcasmo, la crítica mordaz, el surrealismo, el humor negro; lo único que no admite es el cabreo de quien la escribe. Un articulista cabreado, que confunde su gastritis con el Apocalipsis, no es un periodista, sino un moralista, un evangelista, un inquisidor, un plomo. Hay columnistas que riñen mucho al lector; parecen estar siempre enfrentados a un enemigo difuso e inquietante; no encuentran la forma de pasárselo bien en esta vida e incluso temen dar una imagen de felicidad porque creen que el sentimiento ablanda el rigor de su literatura. Que nadie lo dude: quien comienza siendo simplemente un quisquilloso, luego seguirá dándote consejos para que cambies de conducta, con el tiempo estos consejos se convertirán en órdenes tajantes y al final aquel cascarrabias acabará con el látigo en la mano. Esta actitud siempre desemboca en la derecha más o menos extrema. Aquel joven rebelde que sólo parecía un inconformista, si en su cerebro hacen contacto la verdad y la ira, terminará convertido en un abuelo reaccionario. La enfermedad mortal de un periodista de éxito consiste en creer que cualquier idea, por el hecho de habérsele ocurrido a él, ya es importante; si además se excita con las propias soflamas o con el aliento de quienes celebran sus improperios, entonces el fanatismo alimentará su sectarismo y el radical terminará convertido en un fantasma, en un loco de atar o en un espectáculo. Sucede lo mismo con los políticos cuando confunden la acidez de estómago con los males de la patria. Un político cabreado emite una mala señal: da la sensación de que le gusta que las cosas vayan mal para poder justificar los insultos al adversario. Me gusta el político de derechas inteligente, sagaz, con cintura, que resuelve los problemas en lugar de crearlos, pero los ciudadanos de este país están ahora soportando una granizada de ultrajes de baja ley, con el sabor del aceite de ricino, que un sector montaraz del Partido Popular imparte al Gobierno socialista como un sacramento. Esta actitud no se corresponde con lo que sucede en la calle. Después de una sesión en el Congreso de los Diputados, donde la bronca no ha dejado asomar un solo gramo de inteligencia, uno ve en las aceras a una multitud feliz y ajena a la política con bolsas de los grandes almacenes en la mano, más allá de cualquier nacionalismo. La bandera del Corte Inglés es hoy la verdadera enseña de la patria, el emblema de la unidad de España.

26 de Diciembre de 2005 a las 22:18
En ocasiones, ciertos periodistas olvidan su grado de compromiso para con la sociedad, su “función social y responsabilidad”. No es más que una asignatura chorra de la carrera que todos pensamos que cuando llegas a un medio va ser pisoteada por la magna y omnipresente y omnipotente “Estructura de la información”. Sin embargo, lo de determinados periodistas y determinados políticos (que todos tenemos en la mente pero yo no mencionaré) es escandaloso y va más allá de los límites de las ideologías, de los intereses económicos e incluso la libertad de expresión. Yo los condenaría por un delito de “apología de la crispación e incitación al desasosiego colectivo injustificado”. Y por tratar de amargarnos la vida. ¿Todo esto por ganar unas elecciones?
Afortunadamente, a veces, no siempre, la gente es más lista de lo que parece.
Muy bueno este “agenda-setting”.
Feliz Navidad!
30 de Diciembre de 2005 a las 12:11
wow!
11 de Enero de 2006 a las 1:43
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Que nadie lo dude: quien comienza siendo simplemente un quisquilloso, luego seguirá dándote consejos para que cambies de conducta, con el tiempo estos consejos se convertirán en órdenes tajantes y al final aquel cascarrabias acabará con el látigo en la mano. Esta actitud siempre desemboca en la derecha más o menos extrema.
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Entiendo que depende del color con que lo miras. Yo la postura moralizante y neo-curil la veo siempre en la izquierda.
Lo dicho, cuestión de coleres, supongo.
22 de Febrero de 2006 a las 17:38
Moi aussi!
La columna empezaba bien y acaba mediocremente.
El periodísta y el político deben ser valorados por su integridad y astucia, no por su inclinación política.
O ahora los de derechas son tontos y los de izquierdas los más listos. Amos hombre!