La línea
2 de Enero de 2008
Hace apenas 48 horas cruzábamos esa linea imaginaria que marca el paso de un año a otro. Como casi siempre, hay alguien que lo expresa mejor que yo en su Biblioteca de Babel:
(…)
¿Y sabéis qué? Que hoy da igual. Hay barrera, pues háyala. Hay línea, pues hoy la cruzamos. Como las líneas de las aceras, esas que jugábamos a saltar o a pisar de pequeños. Como la línea trazada en tierra con una rama, más allá de la cual estaban los valientes, porque allí había peligro. Como la puerta mágica que dibujábamos -algunos aún dibujamos- en el aire para poder entrar a mundos imaginados. Como la línea invisible que separa la audiencia del escenario, y nos da acceso a mundos enteros sin tener que levantarnos. Todas esas líneas son necesarias porque nos hacen ser quienes somos, y eso, en este universo, es mucho.
(…)
Yo crucé la línea acompañado de amigos, de mis amigos, de los mejores amigos que se pueden tener (siento ser algo subjetivo). Este año tocó Gijón, una ciudad de la que he quedado prendado, como atestiguan algunas de las fotos.
Feliz año a todos.
Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros
27 de Diciembre de 2007
Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. (…)
Así empieza el artículo de Arturo Pérez-Reverte, en su linea habitual, en el que dice en alto lo que muchos piensan sobre la educación española. El problema en España, o en EE.UU., es que a la educación se le da sólo una importancia electoral y no política.
Así nos va, peor nos irá.
Vía: Zifra.
Actualización: De alguna manera he llegado a otro artículo sobre el mismo tema, esta vez por el genial Antonio Muñoz Molina.
Tear Down The Wall
11 de Noviembre de 2007
El día 9 de noviembre se cumplieron 18 años desde la caída del muro de Berlín, tras 28 de haber separado la ciudad, y el mundo, en dos partes antagónicas.
No llegué a publicar aquí lo que tenía escrito sobre mi viaje a Berlín, espero recuperarlo en algún momento. Simplemente quería poner esta foto que (supongo) resume lo que se vivió aquellos días.
(Vía el magnífico blog de Magnum Photos)
Rajoy y el cambio climático
24 de Octubre de 2007
No creo que aporte mucho escribiendo sobre las últimas declaraciones del amigo Mariano Rajoy sobre el cambio climático. Pero alguien más sabio al que leo con furor lo ha hecho en su blog, solo un detalle (o dos):
“Lo único que sale más caro que la educación es la ignorancia”.
Benjamín Franklin
(…)
Cuatro. ¿Es consciente del esfuerzo que hacen los profesores para que sus alumnos entiendan la importancia que el conocimiento científico tiene (y tendrá) en sus vidas? ¿Ha pensado en el impacto que tiene sobre los escolares que una persona de su relevancia ridiculice frívolamente el papel de la ciencia y cuestione la validez de los descubrimientos científicos?
(…)
Los datos en The New Yorker
28 de Febrero de 2007
Buscando información sobre la revista The New Yorker, llegué a un post sobre como funciona el departamento de verificación de datos de la revista.
El texto es la transcripción de la conferencia que dio Andy Young en el VII Congreso de Periodismo Digital de Huesca en marzo de 2006.
Los Datos. El proceso de verificación de datos en The New Yorker
Por Andy Young
Me gustaría describir un poco la revista donde trabajo. The New Yorker acaba de cumplir 86 años y es, para bien o para mal, la revista semanal más importante de Estados Unidos. Fue concebida en los años 20 como revista humorística y como crónica de la ciudad de Nueva York en la época del Jazz. Publicaba artículos de autores humorísticos como Dorothy Parker, Robert Benchley, AJ Liebling, y James Thurber.
El tono de la revista cambió durante y después de la segunda Guerra Mundial. En el año 1946, publicó, en varias entregas, Hiroshima de John Hersey, una obra seminal sobre los efectos de las bombas nucleares en la población de Japón. Esta obra también ayudó a crear el tono de la revista –una actitud de perplejidad, a veces exagerada, hacia el Gobierno de Washington, y un sentido de que esa ciudad está poblada por gente que no saber pensar. Ese tono no ha cambiado mucho a través de los años.
En las décadas de los 50 y 60 la revista también empezó a ser reconocida – y todavía lo es – por los cuentos que publicaba cada semana. El New Yorker ha publicado a Philip Roth, John Updike, John Cheever, Nabokov, Borges, James Baldwin, y JD Salinger, el autor tal vez más asociado con el estilo de la revista.
A menudo echo de menos creer en Dios
9 de Octubre de 2006
Por La Caminante, tan aguda y genial como siempre:
Creer por ejemplo que ese vuelco en las tripas que produce el sufrimiento de otros no es una sugestión moral, sino ese vínculo verdadero que une a mi organismo con todo lo que existe.
Que no es crianza, ni tampoco una mera negociación biológica, el hecho de por qué las sonrisas me son gratas… o el sonido de las canciones que se cantan en voz alta.
A menudo echo de menos creer en Dios.
Creer que no es fortuita la belleza lógica de los números.
Que el impecable orden del ciclo de la vida no procede ni del caos ni del limbo.
Darle sentido al hecho de que creo en cosas que no veo. Quiero comprender qué es lo que hace resistirme a ser sumisa a lo visible.
Echo de menos creer en Dios, cuando la incoherencia me enreda como algas que me bloquean, y amenaza incluso la certeza de la verdad. Entonces deseo al Dios del orden necesario, al del bien por encima de todas las cosas, al Dios que encargó decirnos que la verdad nos haría libre. A ese Dios científico quiero.
También echo de menos al Dios desordenado que perdona a los culpables, el Dios emocional y contradictorio que desea nuestra liberación, y sin embargo la deja sólo en nuestras manos. El Dios romántico y artista que diseña primaveras para la alegría, el Dios golfo y travieso que tramó que la continuidad de la vida se mantendría por la existencia del placer.
A menudo echo de menos creer en Dios, porque cuando pienso que no existe, sospecho de lo que aprendo, como un receptor orgánico de veleidades, un puro accidente, entre accidentes.
Echo de menos creer en Dios, porque el Dios en el que yo creería no se sentiría ofendido porque yo no creyera en Él y no me castigaría por ello.
Yo a veces también echo de menos creer en Un Dios.
Monarquías
25 de Septiembre de 2006
Leído en Escolar.net:
Es lo que tienen las monarquías: los asuntos uterinos se convierten en problemas de estado.
Revolución de bajo coste
21 de Septiembre de 2006
Juan Cueto escribía esta semana en ElPaís Semanal un artículo sobre el bajo coste que hay que leer.
La revolución de los productos y servicios de bajo coste, la única verdadera revolución que he logrado vivir y disfrutar en toda mi vida, sólo tiene un inconveniente: tu memoria larga. Cada vez que estoy dentro de un avión operado por aerolíneas de bajo coste no puedo remediar el inmenso cabreo retroactivo que me asalta y arruina el viaje cuando recuerdo lo que yo he pagado, sólo hace unos meses, por ese mismo trayecto, en avión similar, sentado en un idéntico asiento, con semejantes servicios y análogas molestias de aeropuerto.
[...]
Y quien dice aerolíneas de bajo coste dice todo lo demás. La revolución del low cost, que no estaba prevista por el capitalismo únicamente depredador ni por las viejas utopías progres, ha evidenciado la gran estafa en la que hemos vivido estos últimos años sólo por el deseo universal de ser modernos y querer estar sincronizados con el globo. Repaso los productos y servicios sincronizadores o que sencillamente nos facilitan la vida y los encuentro todos drásticamente rebajados. Aquellos lujos para estar al loro que en su día suponían una fortuna, ahora mismo son saldos, tarifas planas, vuelos o cruceros de bajo coste, conexiones baratas, cacharrerías digitales de baratillo, imágenes y sonidos depreciados, mercancías de tenderete, todo a cien.
Anoche soñé
4 de Septiembre de 2006
Máximo, en su linea.
Saramago y el Líbano
2 de Agosto de 2006
José Saramago, con un texto que resume este último mes de locura.
El holocausto continúa
Era mi intención escribir un artículo sobre la situación de Oriente Próximo y enviarlo al periódico que dirige y del que soy atento y persistente lector. Tenía ya el título preparado para encabezar la página cuando me di cuenta de que el tal artículo sería inútil por redundancia, ya que en el título estaba contenido todo lo que quería decir.
Juzgue, señor director, por sí mismo:
“Mientras haya un palestino vivo, el holocausto continúa”.
¿Qué le parece? ¿Me permite rogarle la publicación de esta brevísima carta en la sección respectiva? Le quedaría eternamente agradecido.
© José Saramago. EL PAÍS, Cartas al director. 31-07-2006
Vía el oyente )).
Niños
3 de Mayo de 2006
Ya era hora de que escribiera algo, que las guerras carlistas ya han durado suficiente.
La Caminante vuelve a cautivarme con sus escritos:
[...]
Esas personas piensan que a los niños hay que darles normas y estudios, para garantizarles un bienestar con número de serie.; que completarán lo que ellos no abarcaron, que saldarán sus cuentas por ellos. Y mientras tanto lo niños, sólo quieren una granizada con azúcar, porque en muchos momentos no tienen expectativas, sino sed.
[...]
Muere lentamente, por Neruda
8 de Febrero de 2006
Ayer, Jesús Quintero, El Loco de la Colina, recitaba esto de Pablo Neruda.
Muere lentamente quien no viaja,
quien no lee,
quien no oye música,
quien no encuentra gracia en sí mismo.
Muere lentamente
quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.
Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito
repitiendo todos los días los mismos trayectos,
quien no cambia de marca,
no se atreve a cambiar el color de su vestimenta
o bien no conversa con quien no conoce.
Muere lentamente quien evita una pasión y su remolino de emociones,
justamente estas que regresan el brillo
a los ojos y restauran los corazones destrozados.
Muere lentamente quien no gira el volante cuando esta infeliz
con su trabajo, o su amor,
quien no arriesga lo cierto ni lo incierto para ir detrás de un sueño
quien no se permite, ni siquiera una vez en su vida,
huir de los consejos sensatos…¡Vive hoy!
¡Arriesga hoy!
¡Hazlo hoy!
¡No te dejes morir lentamente!
¡No te impidas ser feliz!
Banderías, de Manuel Vicent
26 de Diciembre de 2005
Gran pieza del maestro Vicent.
Una columna de periódico admite el cinismo, la ironía, el sarcasmo, la crítica mordaz, el surrealismo, el humor negro; lo único que no admite es el cabreo de quien la escribe. Un articulista cabreado, que confunde su gastritis con el Apocalipsis, no es un periodista, sino un moralista, un evangelista, un inquisidor, un plomo. Hay columnistas que riñen mucho al lector; parecen estar siempre enfrentados a un enemigo difuso e inquietante; no encuentran la forma de pasárselo bien en esta vida e incluso temen dar una imagen de felicidad porque creen que el sentimiento ablanda el rigor de su literatura. Que nadie lo dude: quien comienza siendo simplemente un quisquilloso, luego seguirá dándote consejos para que cambies de conducta, con el tiempo estos consejos se convertirán en órdenes tajantes y al final aquel cascarrabias acabará con el látigo en la mano. Esta actitud siempre desemboca en la derecha más o menos extrema. Aquel joven rebelde que sólo parecía un inconformista, si en su cerebro hacen contacto la verdad y la ira, terminará convertido en un abuelo reaccionario. La enfermedad mortal de un periodista de éxito consiste en creer que cualquier idea, por el hecho de habérsele ocurrido a él, ya es importante; si además se excita con las propias soflamas o con el aliento de quienes celebran sus improperios, entonces el fanatismo alimentará su sectarismo y el radical terminará convertido en un fantasma, en un loco de atar o en un espectáculo. Sucede lo mismo con los políticos cuando confunden la acidez de estómago con los males de la patria. Un político cabreado emite una mala señal: da la sensación de que le gusta que las cosas vayan mal para poder justificar los insultos al adversario. Me gusta el político de derechas inteligente, sagaz, con cintura, que resuelve los problemas en lugar de crearlos, pero los ciudadanos de este país están ahora soportando una granizada de ultrajes de baja ley, con el sabor del aceite de ricino, que un sector montaraz del Partido Popular imparte al Gobierno socialista como un sacramento. Esta actitud no se corresponde con lo que sucede en la calle. Después de una sesión en el Congreso de los Diputados, donde la bronca no ha dejado asomar un solo gramo de inteligencia, uno ve en las aceras a una multitud feliz y ajena a la política con bolsas de los grandes almacenes en la mano, más allá de cualquier nacionalismo. La bandera del Corte Inglés es hoy la verdadera enseña de la patria, el emblema de la unidad de España.
El otro estatuto
20 de Octubre de 2005
Para terminar esta pequeña serie de posts sobre Eduardo Haro Tecglen, quiero poner su último artículo, sobre el Estatuto del periodista (o campaña antiblogosfera) que se está planteando estos días en el congreso.
A pesar de que Haro Tecglen tenía momentos de demagogia y virulencia, otras veces tenía momentos de terrible lucidez, a sus 81 años:
El otro estatuto
Se está discutiendo en el Parlamento otro estatuto menos llamativo que el catalán, pero no menos inquietante: el de los periodistas. Suele ocurrir a cada cambio de régimen, y éste se hace muy tarde con respecto al régimen anterior, el de Franco. Aquél, con Juan Aparicio -tercer carnet de Falange Española- cubría todos los aspectos de la vida del periodista, desde su título original hasta su castigo. Lo odié y lo cumplí, como tantas cosas de cada vida de hombre, y lo transgredí abiertamente cuando encontré la manera o la circunstancia por las cuales se podía burlar. Únicamente: no firmé la declaración de una página del carnet que contenía la aceptación de principios del Movimiento Nacional. Si me hubieran obligado, lo hubiera hecho. El sentido político de mi vida iba mas allá de eso. Un régimen totalitario requiere siempre una respuesta posible. Ah, y si me hubieran obligado me hubiera puesto el uniforme de periodista, que aparece dibujado y relatado con la Gaceta de la Prensa Española: gris, con gorra de plato… Como no se ha derogado, todavía tenemos ese derecho; pero no es una obligación. La realidad es que sólo se pusieron ese uniforme los que tenían que trabajar en actos oficiales en que se requería. El periodista repele el uniforme como repele el estatuto: quiere tener toda la libertad de trabajar hasta donde le permitan, y un poco mas allá.
Con respecto a este estatuto, naturalmente menos fascista que aquél, puedo decir que me siento molesto de una manera general. Un periodista no debe tener más ni menos obligaciones que una persona cualquiera: las laborales deben estar regidas por los acuerdos de su sindicato y sus patronos, en este régimen, y las de la posibilidad de escribir no deben tener más límites que los del Código: es decir, lo que pesa sobre cualquier ciudadano. Como la libertad de prensa no es un derecho del periodista, sino del ciudadano: el periodista es quien la trabaja hasta el punto en que le dejen, y eso no lo va a resolver un estatuto, por muchas cláusulas de conciencia que establezca. Peor: porque cada definición que se haga de la libertad de prensa es, al mismo tiempo, una definición de cuántas cosas se pueden hacer al margen de ella. Y siempre, en esta profesión y todas las actividades de la vida, el derecho y la ley son siempre las del poder. Se ve cómo la Constitución, ley de leyes, ha servido para todo y para lo contrario, y cómo puede servir, si se quiere, para ser más dura que la falta de constitución.

