Descivilización
13 de Septiembre de 2005
Vía Microsiervos releo un artículo que me gustó mucho en El País del domingo. Es de T. Garton Ash, un historiador y articulísta británico con ideas bastante interesantes sobre la sociedad actual.
Antes de dedicar nuestra atención a la próxima gran noticia, debemos aprender la lección fundamental que nos enseña el huracán Katrina. No estoy hablando de la incompetencia de la Administración de Bush, el escandaloso abandono en el que viven los negros pobres en Estados Unidos ni nuestra falta de preparación ante las catástrofes naturales, aunque todas estas cosas sean ciertas. La lección fundamental del Katrina es que la corteza de civilización sobre la que caminamos es siempre de una delgadez extrema. Basta un temblor para que nos caigamos, para que luchemos con uñas y dientes, como perros salvajes, por nuestra vida.
¿Acaso creen que los saqueos, las violaciones y la intimidación armada que surgieron en Nueva Orleans, en sólo unas horas, no se producirían nunca en la agradable y civilizada Europa? Pues se equivocan. Lo mismo ocurrió aquí, en todo nuestro continente, hace sólo 60 años. No hay más que leer las memorias de supervivientes del Holocausto y el Gulag, el relato que hace Norman Lewis de los acontecimientos de 1944 en Nápoles o el diario anónimo de una mujer alemana en el Berlín de 1945, reeditado hace poco. Volvió a suceder en Bosnia hace 10 años. Y ni siquiera existía la force majeure de una catástrofe natural. Los huracanes de Europa los creó el hombre.
El elemento primordial es el mismo: si eliminamos las bases elementales de la vida organizada y civilizada -alimentos, un techo, agua potable, una mínima seguridad personal-, en el plazo de unas horas retrocedemos a un estado natural como el que exponía Hobbes, a una guerra de todos contra todos. Algunas personas, algunas veces, se comportan con heroísmo y solidaridad; la mayoría de las personas, la mayoría de las veces, emprenden una lucha despiadada por su supervivencia individual y genética. Algunos se convierten temporalmente en ángeles, pero casi todos los demás se convierten en monos.
El ombligo de Sevilla
16 de Mayo de 2005
Gracias a Chewie he llegado a este artículo en el que Arturo Pérez-Reverte habla sobre Sevilla en su clásico tono irreverente. No es que esté al cien por cien de acuerdo pero, en gran parte, lleva razón.
María José, la telefonista del hotel Colón, me va a echar una bronca, como suele, en plan: esta vez se ha pasado varios pueblos, don Arturo, de Dos Hermanas a Lebrija, o más lejos, a ver quién le manda a usted meterse con la Sevilla de mi alma. Pero uno debe ser consecuente; y la semana pasada, al socaire de Matanza cofrade y la parafernalia blasfemo-judicial que arrastra cual bata de cola, se me calentó la tecla y prometí hablar hoy de cultura sevillana. De manera que cumplo, arriesgándome a que me quiten los premios que en esa ciudad me dieron por la cara, a que el director de ABC -allí y en Madrid El Semanal sale con ese diario- se acuerde de mis muertos, a que los amigos dejen de mandarme aceite, y a que Enrique Becerra diga que el cordero con miel o la carrillada de ibérico me los va a poner la madre que me parió. Pero uno tiene derecho a hablar de lo que ama. Y el caso, como dije que diría, es que con la palabra cultura ocurre algo extraño. Cuando la pronuncian, cinco de cada diez sevillanos piensan en la Semana Santa o la Feria de Abril. A lo más que llegan algunos es al barroco de las iglesias. Mi compadre Juan Eslava cuenta lo del turista que va en carruaje por la Alameda, y cuando pasa ante una estatua y pregunta si se trata de un pintor, un escritor, un músico o un poeta, el orgulloso cochero responde: «Qué va, hombre. Es Manolo Caracol».
Conmoción, Juan José Millás
22 de Abril de 2005
Llevabas razón, madre, si te significas demasiado, al final te quedas más solo que la una. No volveré a hacerlo. Ahí van, como muestra de mi arrepentimiento, estas líneas hondamente sentidas sobre el Papa: ha muerto un campeón de la libertad, un hombre que llevó a la Iglesia a cotas increíbles de democracia interna y que reconoció los derechos de los colectivos tradicionalmente perseguidos u olvidados, fueran pobres, mujeres, homosexuales o filatélicos (en el caso de que la filatelia sea una opción venérea, que ahora no caigo). Su odio a las tiranías fue tal que administró la eucaristía a Pinochet, también conocido como el libertador del Cono Sur, con el que la Iglesia de Juan Pablo II colaboró activamente y sin complejos. Y hablamos de Pinochet por no mencionar a héroes menores como Videla, que llevó a cabo su misión redentora gracias a la eficaz ayuda de los obispos argentinos.
Ojalá que la Iglesia no aproveche este óbito para relegar de nuevo a la mujer a la condición servil de la que Wojtyla la rescató. Ojalá que el Vaticano continúe apostando por las comunidades de base, por los desheredados de la Tierra, como hizo Juan Pablo II al apoyar a los teólogos más comprometidos con la difusión del mensaje de Cristo entre los pobres. Pido a Dios que ilumine a los cardenales para que elijan un sucesor capaz de continuar la revuelta que este hombre llevó a una institución ya de por sí avanzada. ¿O acaso podremos olvidar los españoles la complicidad, dicho sea en el mejor sentido de la palabra, de la jerarquía eclesiástica con Franco, cuyas torturas aplaudió hasta quedarse sin manos? Y es que también Franco, como ha demostrado la historia, era otro campeón de la libertad. ¿Para cuándo su beatificación?
No volveré a quedarme solo. En el futuro repetiré lo que ordene la tele, aunque contradiga mi experiencia. Escribo estas líneas al sol de abril, en la terraza de una cafetería. Nadie, a mi alrededor, da muestras de haber sufrido una gran pérdida, pero debe ser un efecto óptico porque los telediarios hablan de un duelo universal, que afecta a todos y cada uno de los habitantes del planeta. Me rindo, mamá, y en este acto abomino del condón y me adhiero al discurso único.
© Juan José Millás. EL PAÍS, 08-04-2004
Si ayer decía que EHT era uno de mis columnistas preferidos, Juan José Millás está, junto con Manuel Vicent, al principio de la lista. Tengo unos cuantos artículos de ambos en mi archivo personal que a iré publicando en una nueva categoría.
